Ciclón

La Platea

Dolía –y aún duele– ver a Huelva tras el paso del maldito Bernard. Por la terrible pérdida de una vida en Trigueros en primer lugar y por encima de todo, claro, y por las imágenes de casas, infraestructuras, calles y campos totalmente arrasados en numerosos lugares de la provincia y de la capital. Ante esto es difícil hablar de fútbol ni de nada, no ya porque no hubiera partido –y mira que hubo quien, incluso minutos antes de que se tomara la decisión final, se burlaba ante las peticiones de aplazamiento y los gestos del Ayuntamiento y del club; hay especímenes que no van a cambiar nunca–, sino porque todo lo que se comente cae ahora en un segundísimo plano.

No cae mucho en el olvido, sin embargo, pero es para tomárselo mitad muy en serio y mitad a choteo, aquel patinazo del Centro Lego de Estudios Andaluces y su posterior rectificación de “¡Uy, perdón, sí pero no!”, sobre el origen del fútbol en España. Otra vez. Ahora les tocó a ellos ser títeres y pifiarla igual que mucho antes la pifió el Ejército del Aire y otros tantos organismos. Se pueden ir todos allí mismo de la mano. Lo mejor es que hay iluminados a los que les molesta que se presuma de Riotinto como cuna y del Recre y su decanato. “¡Si eso no sirve de nada!...”. Pues bien que persiguen tener ese hueco protagonista en la historia. Para no importar lo disimulan realmente mal…

Aquí saltamos con cuchillos entre los dientes, y es maravilloso, cuando tocan a nuestro Decano y, como se ha visto, logramos que algunos recojan velas cuando hay ciertas llamaditas desde altas instancias. También hacemos mucho ruido cuando tocan El Rocío, Doñana o cuando tanto se equivocaron con Palos de la Frontera y ese desastre del 92. Ojalá mordiéramos como jabatos también por el AVE (tiene narices que salió antes de Huelva un cohete que un tren en condiciones), por los puentes, por la sanidad, por los túneles, por la cultura, por los edificios perdidos, por Tartessos… Porque, como se imaginarán, ninguno de nuestros políticos tiene ni media culpa de que esta bendita tierra no despegue como debería. No, no se extrañen de esa forma: a esos políticos los ponemos nosotros. A ver qué ayudas consiguen ahora para paliar lo del ciclón, pero no lo olviden: el verdadero ciclón somos los que ponemos el papelito en la urna.

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